domingo, 24 de mayo de 2015

Infancia y educación


El padre podía reconocer al hijo como legítimo, y lo levantaba en brazos, o repudiarlo (el abandono era bastante frecuente), en cuyo caso le esperaba la muerte, la adopción o la esclavitud. En los primeros años era alumnus(del verbo alo, alimentar, nutrir, de donde es aquel al que se nutre, se hace crecer alimentándolo).  A los nueve días de nacer, en el dies lustricus o de purificación, se le imponían los tria nomina y se le colgaba alrededor del cuello la bulla, cajita o medalla redonda en la que se llevaban amuletos de metal o plantas con efectos apotropaicos,  para protegerle de los malos espíritus; a los siete años vestía la toga praetexta  (adornada con una franja púrpura): toga praetexta y bulla se abandonaban al llegar a la mayoría de edad y eran propias solo de muchachos nacidos libres. Los juegos de infancia más corrientes eran los carros de madera, las canicas, las peonzas (turbo), los aros (orbis), las muñecas (pupae), el cara o cruz (capita aut navis), el juego de las nueces (dejar de jugarlo era símbolo de haber dejado atrás la infancia), la pelota (pila), la emulación de los oficios o actitudes de los adultos…
 
Bulla de oro. Museo Arqueológico de Nápoles

El objetivo de la educación era transmitir el ideal de virtus, un concepto complejo en el que se hallaban involucradas varias acepciones: el compromiso con la comunidad y sus valores (a través de los ejemplos de heroísmo cívico, históricos o legendarios); el respeto a las tradiciones de los antepasados (mores maiorum), cuyas efigies estaban expuestas en el atrio de la casa; una dimensión religiosa, la preeminencia de los mandatos divinos sobre la propia vida o la de la patria.  La virtus tiene connotaciones de humanidad, honor, excelencia moral, valor, responsabilidad cívica, respeto en la esfera privada, social y divina; no en vano procede etimológicamente de vir, hombre.

De pequeños podían tener un maestro en casa (magister), que generalmente era un esclavo o liberto griego o bien ir a una escuela llevados por un esclavo (pædagogus) que después también les repasaba las lecciones en casa.
En la primera etapa educativa, el niño aprendía con un maestro (magister ludi, litterator y calculator) a leer, escribir y hacer cuentas. En las cuentas se empleaban piedrecillas (calculi) y también un ábaco. La disciplina era severa, pero los niños jugaban con letras de madera o marfil y con ellas aprendían a leer y a escribir. Por eso a esta escuela le llaman «juego» (ludus) y el maestro era magister ludi. La escuela se situaba en un pequeño cuarto (taberna, pergula), en una cabaña o en el jardín (según el tiempo y las posibilidades). El maestro tenía una silla (cathedra) o un taburete (sella). Los niños se sentaban en escaños (subsellia).
Los instrumentos de trabajo eran unas tablas enceradas (tabulæ, ceræ) en las que rascaban con punzones (stylus) que por un lado eran puntiagudos y por otro acababan en una espátula con la que se alisaba la cera y así quedaba lista para volver a escribir en ella. Las tablillas normalmente se ataban formando una especie de libreta (ocodex). La escritura de todo tipo de documentos se realizaba generalmente con tinta sobre papiro mediante una caña acabada en punta (calamus).

Estiletes o estilos romanos 

 Fresco pompeyano. Joven con stylus y tablillas enceradas.

La segunda etapa podía ser privada o pública. El profesor era el grammaticus que enseñaba a entender y comentar los textos literarios. Comentando los textos clásicos, los niños aprendían de todo: geografía, historia, física, astronomía, etc. Con el tiempo, la grammatica empezaría a ser también estudio sobre la lengua que hablaban. El grammaticus garantizaba una enseñanza bilingüe (Griego y Latín) y era una especie de guardián del lenguaje. Sin tareas para casa, los alumnos presentaban sus ejercicios y eran corregidos o felicitados in situ; Horacio habla de su grammaticus, Orbilius, adjetivándolo como plagosus, es decir, inclinado a la tunda, al que no le temblaba la mano a la hora de flagelar con el látigo al estudiante díscolo. A los 16 años finalizaba su cometido: los pudientes o prometedores se inscribían en las enseñanzas del rhetor.
La tercera  etapa preparaba en la elocuencia al futuro político o abogado  romano. El profesor era el rhetor (maestro de oratoria). Quintiliano, por ejemplo, escribió muchas notas pedagógicas de cómo formar al orador. Pero no solo se centraba en la forma más eficaz de hablar en público para persuadir al receptor; también se estudiaban  diversas materias como literatura, geometría, música o mitología, lo cual les  permitía  hacer acopio de recursos para afrontar futuros debates. Entre los ejercicios frecuentes estaba la realización de juicios  ficticios en los que unos alumnos acusaban y otros defendían (controversiae) o la exposición de las razones que habían impulsado a un personaje histórico o legendario a tomar una decisión (suasoriae).
Materiales de escritura
Papiro: soporte de escritura elaborado a partir de una planta acuática, muy común en el río Nilo, en Egipto, y en algunos lugares de la cuenca mediterránea. Para su utilización la planta de papiro se mantenía en remojo entre una y dos semanas; después se cortaba en finas tiras y se prensaban con un rodillo, para eliminar parte de la savia y otras sustancias líquidas; luego se disponían las láminas horizontal y verticalmente, y se volvía a prensar, para que la savia actuase como adhesivo; se terminaba frotando suavemente con una concha o una pieza de marfil.

La unidad de medida del papiro era la plagula (hoja). Se solían fabricar rollos de papiro de unas veinte plagulas que se pegaban entre sí, con un tamaño medio total de cinco metros.  El volumen se guardaba en un estuche de pergamino teñido a veces de rojo con el jugo del arándano (vaccinium). Un trozo de pergamino (titulus, index) se unía al rollo y llevaba escrito el título de la obra. El lector sujetaba el volumen con su mano derecha, y lo iba desenvolviendo con la izquierda; esta misma le servía para enrollar la parte del libro ya leído.

Para manejar mejor los rollos y facilitar su almacenamiento y preservación se les pegaba al final de la última hoja un cilindro de madera, hueso o marfil (gr. omphalos, lat. umbilicus) y alrededor de él se envolvía la tira. Se unían no más de 20 hojas para formar un rollo. La primera se llamaba en griego “Protókollos”. Generalmente se escribían de un solo lado.Se estima que en la Biblioteca de Alejandría  había entre 400.000 a 700.000 rollos (debe considerarse que un solo canto de la Ilíada o la Odisea ocuparía un rollo de papiro).

Los rollos de papiro se utilizaron de manera habitual hasta comienzos del siglo II, cuando el códice de papiro empezó a reemplazarlos. Más tarde, en el siglo IV, la popularidad del papiro empezó a disminuir y fue reemplazado por un material de escribir mucho más duradero: la vitela. Los griegos solían importar papiros de Biblos, una ciudad fenicia que dio nombre al libro griego.

El papiro era ligero de peso y se transportaba con facilidad pero tenía una desventaja importante como material de escritura: no era muy duradero. Se deterioraba en un ambiente húmedo y se volvía muy quebradizo cuando se almacenaba en un ambiente demasiado seco. Además, era difícil localizar un pasaje concreto y debía sujetarse con las dos manos para su lectura.
Pergamino es un material hecho a partir de la piel de res o de otros animales, especialmente tratado para poder escribir sobre él. Podía escribirse en ambas caras de la hoja y permitía las correcciones del escriba (lo que dio origen al palimpsesto, manuscrito que conserva restos de una escritura anterior, borrada expresamente para un nuevo uso). El pergamino destinado a la confección de libros y documentos se fabricaba con pieles de animales jóvenes (cordero, ternero o cabrito) porque los individuos adultos proporcionaban una membrana recia y basta que dificultaba el cosido de las piezas. De las tres partes que componen una piel, el pergamino se fabrica solo con la dermis, debiendo eliminar la epidermis y la hipodermis durante el proceso de manufactura. Para facilitar su separación, las pieles se sumergen en una solución de cal que permitirá efectuar el pelado y el descarnado. A continuación, se tensan en un caballete para su estiramiento y acabado, mientras con la ayuda de piedra pómez se frota la superficie resultante a fin de eliminar las últimas impurezas y pulir la superficie de escritura. El pergamino de mayor calidad era la vitela, fabricada con pieles de animales nonatos o recién nacidos que se reservaba para los códices más lujosos. El códice es semejante al libro actual: hojas cosidas, plegadas y protegidas por tapas duras.


Su nombre deriva de uno de sus principales centros de producción: el reino de Pérgamo, en la actual Turquía (que sobresalió como un gran centro artístico y literario; su biblioteca en tiempos del rey Átalo llegó a ser la más importante del mundo conocido después de la de Alejandría y el siguiente rey, Eumenes II Sóter,  fue el que mandó construir el gran altar de Zeus, obra máxima del arte helénico).

 

 
Tablilla de cera, formato del que evolucionó el códice.

 
 


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